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15/12/08

Gonzalo Bergessio: "Las finales van a ser espectaculares"


Se sufrió mucho?

-No, fue muy importante hacer el gol apenas empezó el partido. Eso nos dio confianza.

-¿Se gozó entonces?

-Y, sí. Yo soy Calamar, por eso disfruté el doble, je.

No hubo necesidad de pincharlo. Con apenas un par de preguntas, Gonzalo Bergessio hizo lo que había hecho durante toda la tarde: sonreír. Como antes de que arrancara, cuando escuchó los primeros insultos de los hinchas de Argentinos por su pasado en Platense. Como antes de los diez, cuando aprovechó un regalo de Bogado, fusiló a Torrico y puso el 1-0. O como al darse cuenta de que su potencia era mucho para los defensores de Argentinos y de que tenía todo servido para convertirse en uno de los grandes responsables de que San Lorenzo todavía mantenga, triangular mediante, la ilusión de ser campeón. Porque si Orión, Torres, Ledesma, Barrientos y Solari cumplieron, Lavandina directamente la gastó.

¿Cómo definirlo? No es fácil. Implacable no es, ya que así como mandó a guardar la primera que tuvo, después desperdició dos situaciones tan o más claras: una de zurda y otra de derecha. ¿Habilidoso? No, ya que cuando desniveló lo hizo por potencia. ¿Oportunista? Tampoco. Pero algo tiene. Tal vez ser un optimista absoluto, un cabeza dura, un insoportable que va a todas y contra todos, que choca, se levanta, vuelve a chocar y gana. Ah, y que contagia. Porque así levantó a un Silvera que casi no se pudo mover o a un Menseguez XL (extra light). Y así enamoró a los suyos y encabronó a los otros. Los de adentro (Escudero le pegó un codazo que el árbitro ignoró) y los de afuera de la cancha, quienes lo putearon en todos los colores. Pero además del gol, sólo consiguieron que (equivocadamente, claro) el delantero devolviera gentilezas con un "cagones, cagones" de cara a la popular local...

Amado y odiado, Bergessio fue decisivo en el Diego Maradona, justamente como para que el 10 sintiera que acertó al convocarlo a la Selección. Un sueño hecho realidad. Pero que, por ahora, puede esperar. Antes, claro, se viene el triangular. "Ojalá que repitamos lo de hoy: jugamos bien, mostramos personalidad y volvió el gol, que no sé si fue el mejor, pero seguro que fue importantísimo. Ahora se vienen las finales y van a ser espectaculares. Por lo que hay en juego y por cómo viene San Lorenzo. Van a ver", dijo.

10/11/08

San Lorenzo 1 Gimnasia (J) 0

Un cielo de nubarrones se le presentaba al local, como pronóstico futbolero, por su híbrido arranque. Pero pronto se iluminó la atmósfera, con el gol de Aureliano Torres, y después, refulgió de nuevo con el de Bergessio, que fue el del triunfo, y que desató el nudo en la garganta que angustiaba al Cuervo con el digno empate parcial del Lobo jujeño. Fueron flashes. Episodios de equipo con tics de puntero camino a pelear el título, que supo, pero que ahora le sale en cuentagotas.

Cómo se daba. San Lorenzo era monotemático, con la proyección de González, que lo hacía muy bien, pero el fondo -el mejor, Rocco- se la rebuscaba para parar por arriba o por abajo a Silvera (Bergessio entraba poco en acción).

En realidad, lo monocorde era por la previsibilidad de que casi todo lo que se iniciaba era por o para Adrián González, con su desprendimiento del fondo y su pegada perfecta. Incluso algunas asociaciones de Aureliano con Barrientos o con Torres, derivaban hacia la derecha, desde donde se mandaban centros. No está mal la receta, porque el protagonista es intachable, pero al equipo le faltaba más juego por la izquierda. Sólo Aureliano ensayó alguno que otro centro pasado o al arco.

Los jujeños esperaban con una primera fortificación, en zona, unos quince metros detrás de la raya de la mitad del campo. A veces se le sumaba Iuvalé, si era viable jugarse a algún anticipo o si no, marcaba el lateral a la derecha de Loeschbor. Igual arrimó el Cuervo, pero el Lobo jujeño también lo sorprendió con aceitados contraataques, progresados sobre la base de toque al vacío, profundización, pero cero definición. Lo mismo que el local, por más que Aguirre metió un cabezazo en el travesaño, en jugada de córner. Pero contra eso, Busse tiró afuera una hermosa combinación, piloteada por Ricky Gómez.

Por eso, en la primera parte, aquel San Lorenzo-maquinita era una imagen borroneada de un pasado cercano. Y el rival, quien redimía de tanta monotonía con un par de buenas réplicas, aunque caía en impericias de definición.

La luz de los goles. Aquel puntero, este puntero, pasó a reciclarse rapidito en la segunda etapa: pelota bien jugada desde atrás, cortada de Barrientos (fue como si a Aureliano le dijera "tomá, hacelo"), y 1-0. Cambió la onda ambiental. Era el primer flash.

Igual, San Lorenzo se había dado cuenta de que Barrientos y el equipo necesitaba algún socio (entró Solari) que fuera referente de buen trato de pelota, del medio hacia adelante, por la izquierda. Después, encontró un rival que no se vino abajo, sino que simplemente hizo algunos cambios, que le dieron esperanzas, como David Ramírez y Luna (cada uno reventó la pelota en el mismo ángulo). Y empató. Porque Gimnasia jugó todo el partido con dos puntas. Pero lo más importante: siempre se mostró y se encontró, aunque la derrochó arriba. E igualó en un anticipo ofensivo.

El 1-1 era amargura local. Pero otro flash, le devolvió la imagen de aquel San Lorenzo de las primeras fechas porque no fue de chiripa, sino con armónicos movimientos, al aprovechar un impensable agujero. Prueba que tiene raptos de lucidez futbolística, compatibles con un equipo copuntero.