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Max Julien Morris II es estadounidense. Se crió en Lake Orion, un barrio arrabalero de Michigan. Tiene 15 años y cinco hermanos. Mide 1,83. Pesa 72 kilos. Es hincha de Detroit Pistons. Pero, sobre todo, sueña con jugar en River. Max es arquero y acaba de sellar en su pasaporte el tercer ingreso a la Argentina. El motivo: una prueba en el Monumental. Ha sido uno de los preseleccionados del semillero. En caso de pasar favorablemente el último filtro, que se resolverá allá por febrero, se transformará en el primer habitante de su país en usar la camiseta de River. En el 2009, su categoría sería la Séptima. "Yo quiero quedarme", pronuncia en un español rústico y trabado, con la pasión de quien persigue un objetivo celestial y con la vocación de haber elegido el soccer en lugar del venerado fútbol americano. Esta historia empezó hace cinco años, cuando Max se inscribió en la Filial Norberto Alonso de Detroit, cuyo DT y fundador, Norberto Leszczuk, se encargó de cambiarle los gustos: del bus a tomar el 42, del high school a la pensión del club, del "fuck" a su especialidad en decir "puta madre". Max usa la pulserita que dice River Plate y suele recortar notas referidas a su nueva pasión. Ya lleva varias temporadas cruzándose la banda roja en los torneos de Michigan, aunque prefiere desarrollarse futbolísticamente al Sur del mapa. "Me gusta este fútbol", cuenta quien en su anterior viaje, en agosto, fue a ver el único partido que el equipo de Simeone ganó como local: Central. Es admirador de JP Carrizo, pero ahora tuvo la posibilidad de conocer a Ojeda y Vega. Este último le dio un par de consejos referidos a la manera de poner las manos (Good save the Max). De todos modos, también tomó clases con el Mono Navarro Montoya y Alejandro Saccone. En el semillero de River ya hay un salvadoreño, otro colombiano, pasó un haitiano, continúan varios uruguayos y otros paraguayos... Max se propuso agrandar esta lista multinacional. "Si no quedo en febrero, insistiré una cuarta vez", anticipa, tozudo, el espigado norteamericano, que por las dudas se llevó a su país un autógrafo de Diego Buonanotte, a quien cruzó en una de sus tantas visitas al Monumental.

¿Se fue? ¿Se escapó? Neri Cardozo fue presentado en las últimas horas como nuevo jugador del Jaguares de Chiapas. Sin embargo, esto sucedió sin el consentimiento de Boca. En limpio: por ahora no fue vendido, ni prestado, ni nada. ¿Y cómo está allá, entonces? Lo explicó el propio representante del volante, José Garibaldi: "Neri tiene contrato vigente hasta junio, pero hay una reglamentación de la FIFA que determina que faltando seis meses para la finalización del mismo, el jugador puede rescindir uniteralmente su vínculo pagándole al club lo que le quedaba por cobrar. De ese modo, queda libre".Claro que esto no será tan fácil, porque Boca, al tener contrato vigente con el jugador, va a reclamar a Cardozo. O por lo menos, negociar una venta. ¿Y entonces? Problablemente, si no existe acuerdo, esta situación termine en el TAS, que es el tribunal arbitral de la FIFA que legisla en estas cuestiones. Porque Neri, según el club argentino, firmó un contrato en el 2004 por cinco años de vigencia, que vence el 30 de junio del 2009. Garibaldi, de hecho, reconoció que esto llegará a una instancia superior. "Seguro que va a ser objeto de un tratamiento por parte de la FIFA, pero según nuestros letrados, estamos haciendo lo que corresponde".El motivo que llevó a Cardozo a irse de buenas a primeras a México fue que no es tenido en cuenta en Boca. Y su representante acusó a Ischia. "Hubo un destrato hacia Neri que tiene 192 partidos en Primera con menos de 23 años. Pero no del club, sino de parte del cuerpo técnico. Este año él jugó contra Lanús y si bien no tuvo una actuación destacada, cumplió. Pero nunca más lo pusieron. Lo ningunearon y entonces, si el técnico no lo considera útil y necesario, hay que buscar una escapatoria", amplió Garibaldi.De este modo, Cardozo se fue a Jaguares, el equipo que dirige Miguel Brindisi, sin avisarle previamente a Boca. De hecho, ya se entrenó con su nuevo equipo y posó con la camiseta. De este modo, el club argentino podría llegar a perder un jugador que en un momento tenía un valor de venta importante, teniendo en cuenta la edad (22 años), la experiencia y los títulos conseguidos.Como dijo su represente, Neri ya venía mal con Ischia. Con el Pelado jugó 25 partidos y sólo siete en este semestre (el último había sido contra Inter, por la Sudamericana y salió en el entretiempo). De hecho, en los últimos encuentros, en plena definición del torneo, hasta fue separado del plantel y se entrenó con la Cuarta. "Conmigo no hay diálogo, ni un hola ni un chau. Siga o no siga Ischia, mi idea es irme", había avisado el volante en diciembre. Y cumplió. Pero esta historia continuará.

Quiere jugar en River. Y va a jugar en River. Aunque ya no sepa qué más hacer para lograrlo. Porque Cristian Fabbiani no quiere recurrir a Agremiados para destrabar su conflicto, pero todo lo demás ya lo intentó. Se fue a Rosario, les avisó a los dirigentes de Newell's que no quiere pasar seis meses más allá "por un tema familiar", resignó los sueldos, la prima y 40 mil dólares de premios que le adeudaban y, cansado porque "el presidente (Guillermo Lorente) dice que me quiere pero sólo lo conozco por los diarios", se puso en pie de guerra: "Aunque me ofrezcan el doble, a Newell's no vuelvo. Estoy harto", declaró en Clarín y llevó el termómetro de su relación con el que para él es su ex club a la temperatura más alta.Su cabeza ya está en River por más que hoy no sea parte del inicio del ciclo de Gorosito. Ya habló con Pipo, su representante ya se reunió con Mario Israel, ya arregló su contrato por un año (el Cluj de Rumania, dueño de su pase, dio el OK para el préstamo) y ya se imagina jugando el primer superclásico del verano. Pero tiene que seguir esperando a que Newell's acepte la rescisión de su contrato. "Estamos intentando destrabar la situación. Varias veces al día hablamos a Rosario y tratamos de llegar a un acuerdo con los directivos de Newell's. Se avanza, de a poco, lentamente, pero se avanza. Al menos el tema no está parado", describieron desde el entorno del Ogro. Que reza, ruega y sueña.

Si yo hubiese sabido que Tigre no iba a patear más al arco en esos 20 minutos, yo me moría adentro de la cancha".Todavía reniega. Se fastidia. "Fue muy injusto lo que me pasó. Por esa lesión no pude demostrar lo que yo sé que puedo dar", se queja. Pasaron 13 días. Pasó la vuelta olímpica, el brindis de Navidad y de Año Nuevo. También pasó su cirugía, la que por fin le sacó de encima la pubialgia que desde hacía casi 11 meses no lo dejaba dormir, literalmente. Y él, Javier Hernán García, aunque no se reprocha nada ni se arrepiente de sus decisiones, aún sostiene su pesar por su lesión, su bronca por no haber terminado el partido final en su primer torneo como titular. Por eso, dice, no lo piensa largar: "El arco de Boca es mío", avisa, a quien lo quiera escuchar, en España o en Colombia.-Se habla de que va a llegar un arquero...-Yo estoy disfrutando del campeonato que ganamos, así lo vivo. Siempre se habló, en los cuatro años y medio que llevo entrenando con la Primera. Aldo (Bobadilla) vino y ganó cosas. Caranta también. Mientras sea para sumar, está perfecto.-Pero competirían con vos. Y con ventaja...-Siempre se tiran mil nombres, hay que ver. El titular sigo siendo yo, el arco de Boca es mío. Si yo estoy bien de la lesión, sé que es mío. Y le voy a dar pelea a quien sea.-¿Y por qué tanta seguridad?-Porque sé lo que puedo dar, que no es lo que se vio. Si yo me recupero bien de la lesión, voy a poder tirarme sin problemas, sacar mejor del arco, salir con seguridad en los centros, jugar con los pies... Como fueron mis primeros partidos, como fue contra Liga de Quito... Después se empezó a agravar la lesión y ya no fue lo mismo.El 26 de diciembre, 24 horas después del título, Javi pasó por el quirófano para operarse de la pubialgia. Jorge Batista, médico del plantel, se encontró con la zona en bastante peor estado de lo que se esperaba. Al día siguiente, el pibe que el 29 cumple 22 años, comenzó la recuperación. Le dieron permiso para irse cinco días a Mar del Tuyú, el mismo lugar en el que estuvo el año pasado, con la diferencia de que, ahora, todos lo conocen. "Me da risa la situación porque hace cuatro meses no me conocía nadie. Me piden fotos y autógrafos. Y me dan muchos mensajes de aliento. Me piden que siga en el arco", relata. Ese camino al retorno comenzará el miércoles 7, día en que le sacarán los puntos de sutura.-¿Por qué no se dio a conocer tu lesión?-Porque no me parecía tan importante. Al que me preguntaba cómo estaba, le contaba. A lo mejor mi error fue no vender un poco más de humo. Pero no quise darles de comer a los buitres, a los rivales y a los de afuera.-Pero tuvo su precio.-No, yo asumo mis culpas. El único gol en el que tuvo incidencia mi lesión fue con Tigre, porque el cuerpo no me respondió. Y por eso pedí el cambio, no podía arriesgarme a que me tocaran una pelota atrás y no poder patear. No podía ser tan boludo, tenía que pensar en el equipo. Y salí de la cancha llorando, pero del dolor. En los festejos, no podía saltar...-¿No tuviste miedo de que perdieran el campeonato por eso?-Nooo, para nada. El equipo estaba muy bien, me daban seguridad. Además, cada vez que yo hacía una cagada, el equipo metía tres goles, je.-¿No era mejor parar?-Yo no quería saber nada con perderme algún partido. No quería salir más. Lo charlábamos con los médicos y el cuerpo técnico. Yo venía con la lesión desde enero, pero como era suplente no me operé y se me hizo crónica. Y cuando empecé a atajar seguido, miércoles y domingo, fue empeorando, al punto que el día después de jugar me quedaba tirado en la cama. Vivía para la lesión.-¿En qué sentido?-No tenía recuperación. Después de los partidos, no podía ni festejar, al día siguiente me quedaba en cama. Cuando empecé a atajar seguido, no me podía bajar de la cama, me tenía que ayudar con las manos. No podía manejar ni estornudar. Los martes trotaba un poco, pero no me bajaba el dolor. Calentaba con el Gringo (Civarelli) y él me cuidaba, lo hacíamos largo para cuidarme. Después de la práctica me hacía masajes y por la tarde también.Empecé con corticoides, pastillas, hasta que me empezaron a infiltrar. Hasta que el día de Tigre se me desprendió el tendón...-¿Por qué llegaste a ese punto?-No me quería perder nada. Pero en el último partido, un rato antes del gol, saqué del arco y sentí un ruido. Y la pierna derecha me quedó boba, como cuando me rompí los ligamentos. Se me empezó a poner dura. Hasta que vino la jugada del gol y entendí que no podía seguir. Se me rompió todo. Yo jugué hasta que el cuerpo me lo permitió. Sabía que podía pasar, era una posibilidad.-Al final, ¿la cirugía fue un alivio?-Uf, fue sacarme un peso enorme de encima. Ojo, ya estaba programada desde hacía tiempo, pero fue mejor aún que se haya desprendido el tendón. Me dejaron 0km, hasta me arreglaron el otro aductor, que estaba desgastado. Ahora me duelen los puntos, pero ya no la lesión.Es la primera vez que García habla con tanta soltura de la lesión que no le permitió rendir como lo hubiese deseado, luego de 12 años en las Inferiores del club. Quizá por eso fue que sus compañeros siempre lo bancaron. Sobre todo, Juan Román Riquelme, quien públicamente hizo una defensa del pibe campeón. "Román es un amigo, me llama todos los días. Hablamos de todo, de fútbol, de la vida. Después de la vuelta, me dijo que lo disfrute, que tengo 21 años y hay tipos de 40 que nunca dieron una".
Hablé con el presidente y le comuniqué que quiero ir a River. Gracias a Dios, me respetó mi intención y dijo que no habría problemas. Ahora estoy ansioso para que se pongan de acuerdo las partes y quede todo listo". Humberto Mendoza cuenta las horas. Si todo sale como él espera, esta noche podría tomar el vuelo que mañana bien temprano lo deje en Ezeiza, listo para convertirse en el nuevo refuerzo de Gorosito. Aunque clubes mexicanos y rusos tenían intenciones de comprar su pase, el zaguero se sentó con el presidente de Nacional de Medellín para que acepte cederlo a préstamo a River porque es la camiseta que más lo seduce. ¿Que hoy es el último del fútbol argentino? "No, es un grande a nivel mundial. Eso fue una circunstancia, una mala racha y sacarlo adelante será un desafío más", se entusiasma el Beto, apodo que heredó de su padre, otro recio defensor que pasó por Junior, Bucaramanga y Cúcuta.Hoy será el día clave para la llegada del colombiano. Con el okey de Nacional para cederlo por una temporada con opción de compra, sólo resta que los clubes se pongan de acuerdo en los números. En Núñez, el contrato del defensor ya está listo y hasta le reservan turno para que mañana a primera hora se realice la revisión médica y luego se reencuentre con Falcao, su compañero de la selección. "En estos días no hablé con él, pero siempre me ha dicho que es una institución muy grande, en la que hay que sudar la casaca los 95 minutos", cuenta Mendoza, admirador de "Ivan Ramiro, Amaranto y Mario Alberto", como llama a Córdoba, Perea y Yepes, aunque su ídolo fue Andrés Escobar, aquel central colombiano que fue asesinado. "Tengo la suerte de utilizar su camiseta, la número 2 de Nacional. Fue un reto difícil porque los hinchas eran muy críticos con cada defensor que la usaba, pero por suerte recibí el apoyo de ellos", repasa con emoción de fanático: el escudo de Nacional es uno de los 14 tatuajes que lleva en su cuerpo, mezclados con varios tribales, su apellido y el nombre de su esposa, Sara, quien será mamá dentro de siete meses.A ella y su panza deberá dejar por unos días, seguramente hasta que regrese de la pretemporada y se acomode en Buenos Aires, donde será un desconocido hasta que cumpla con su objetivo. "Este es un desafío muy importante para mí por lo que significa River, porque quiero ganarme un nombre en Argentina, que sepan quién es Humberto Mendoza, que me respeten y pueda quedarme un largo tiempo allí como pasó con Mario Alberto (Yepes), que también ganó títulos", se propone este zaguero de imponente físico que se comparó con Jorge Bermúdez por su temperamento y presencia: "Me gusta intimidar a los rivales --repite--, pero también puedo salir jugando. Y me gusta patear tiros libres con potencia. Tengo que mantener la calma, pero quiero que todo esto se termine mañana (por hoy) para poder ponerme a las órdenes del profe Gorosito y demostrarle mis condiciones. Todavía no hablé con él, pero lo quiero hacer para saber qué quiere de mí".Si todo se cierra hoy, la banda roja será su cuarta camiseta, tras debutar con la de Bucaramanga, ganar tres campeonatos con la de Nacional y defender la de Colombia en las Eliminatorias, la Copa de Oro y varios amistosos. "Faltan los papeles", advierte con la calma que intenta contener su ansiedad. "Estoy muy contento por todo esto", sonríe. Y promete: "Trataré de dar seguridad para sumar muchos títulos".