3/11/08

Messi escupió a un rival

Primero fue en el Mundial 2006, en Alemania. Argentina se jugaba todo ante el local, Pekerman lo dejó en el banco y él, distraído, ni miraba el partido. Unos meses antes Rijkaard, por ese entonces técnico del Barcelona, lo había dejado afuera de la final de la Champions que se quedó el equipo catalán en París, ante Arsenal. Y ahí no se mostró muy contento en los festejos.

A medida que crecía Lionel Messi en su juego, aumentaba su exposición. Y parece que no se siente cómodo en ese terreno. No es un gran declarante. La última patinada fue ante la renuncia de Alfio Basile a la Selección. Por si no había quedado claro en el campo de juego que Messi no estaba contento con el Coco, la remató en Ezeiza tras la derrota con Chile: "Hace tiempo que la Selección no está jugando bien y a lo mejor necesitaba un cambio".

Explotó la bomba y cuando llegó a Barcelona tuvo que salir a bajarle el tono a sus duras declaraciones sobre el técnico saliente. Pero también la pifió con el sucesor. En horas de incertidumbre, cuando Julio Grondona todavía no se había decidido por Diego Maradona, la Pulga salió a bancar al Checho Batista. Y con la designación final del Diez como DT de la Selección, Messi se dio vuelta y elogió al ídolo.

Se le viene saliendo la cadena a Messi. Ahora escupió a un rival y lo escarcharon las cámara de la televisión española. Fue el sábado en el 4-1 del Barcelona sobre Málaga. Cuando iban 1-1, Messi tuvo un encontronazo con el delantero Duda y le tiró el escupitajo. Los diarios españoles hoy condenan la acción de Messi.

En lo futbolístico Messi pasa por un buen momento en Barcelona y por otro completamente diferente en la Selección. Pero en lo emocional la Pulga perdió el rumbo. Mucha exposición, la fama que se sube rápido a la cabeza y la presión de ser el líder de un gigante de Europa y de la Selección parecen ser demasiado para un pibe de apenas 21 años.

Un crack de FutSal

Newell's 1 Rosario Central 0


La postal era elocuente. Los 38 mil fanáticos que colmaron el Coloso agarrándose la cabeza. Algunos se aflojaron con algo de alivio, los visitantes. Los de Newell's sólo atinaron a ovacionar a Cristian Fabbiani, apenas segundos después de haber mandado la pelota por arriba del travesaño, con sólo Ribonetto en la línea. La jugada del partido no fue el gol de Schiavi. El Ogro fabricó una obra de arte, dejando a tres Canallas en el piso a pura potencia y pisada. Definió feo, cuando era un golazo cantado. Igual, se ganó una ovación. "Lo importante era terminar festejando y lo pudimos hacer", resumió. Genio y figura.

Ya se jugaba el descuento, pero él todavía se sentía con oxígeno y piernas para desparramar rivales. Pero en el último toque, Cristian definió con el puntín derecho, alto, afuera. Y la cancha se vino abajo igual. "No quise cancherear. La quise asegurar y me picó mal", explicó el 2-0 que jamás llegó.

No fue extraña la reacción de los Leprosos. A pesar del gol errado, todos aplaudieron al Tanque. Es que el Ogro se hizo querer en Rosario. Volvió del fútbol europeo. Dejó el Cluj rumano y la chance de jugar Champions para ponerse la rojinegra. Lo recibieron con un dietólogo y con la necesidad de que se convierta en el faro ofensivo. Le costó debutar porque su transfer no llegaba y recién apareció en la 5ª fecha, ante Lanús. Ni lleva dos meses que juega con la rojinegra, pero sus tres goles y su juego hicieron que sea el más ovacionado cuando la voz del estadio lo presenta. Ayer, para Olé, jugó para un 5 aun fallando en la única clara que tuvo. Laburó para el equipo, aguantando todo lo que le tiraron, saliendo del área para generar espacios y sacándole brillo a la pelota con sus pisadas. Incluso Braghieri se llevó de recuerdo un caño fenomenal. Es esa confianza la que lo llevó a decir, apenas llegó a Rosario, que su intención era mostrarse para tener alguna chance en la Selección. Y el Negro Gamboa, su DT y amigo de Diego, ya lo postuló para una convocatoria. Ayer le faltó tiza en la punta de su botín para cerrar la tarde con un golazo que hubiera quedado en la historia del derby.

Le dedicaron el gol a Pompilio


Qué sacude más a una Bombonera vestida de dolor? 'Que se trata del gol que pone al equipo en la punta del campeonato? 'O que quien lo mete es justo él, Riquelme, el hombre que Pompilio hubiese elegido que lo hiciera? No parece, en definitiva, un gol de Román. Parece uno de todos. Ahí están ellos. Y ahí está él. Ese mismo lugar en el que nació el festejo del Topo Gigio (aquella vez a modo de protesta contra Macri), es ahora el centro de la emoción. JR levanta su brazos frente al palco presidencial y ofrece su corazón herido. Y también su camiseta, una que está debajo de la azul y oro "Gracias por todo, Pedro", dice. A ese homenaje convoca a sus compañeros y juntos ofrecen un abrazo simbólico para el presidente que se fue sin aviso, pero que seguramente está ahí, con su mujer Norma, con su hija Natalia, con su hijo Leandro, quienes viven desde el palco la mejor dedicatoria que el equipo podía entregarles.

Ese gesto, ese gol, ese primer tiempo de campeón, acaso resuman el espíritu de este Boca, un equipo que parece unirse como ninguno en la angustia y en la adversidad. Con la Recopa se repuso al golpe emocional que significó la grave lesión de Palermo. Con la victoria en el superclásico le escapó a su crisis de grupo. Con este 1-0 en un choque con olor a final, combatió su drama mayor, su pesar, el fallecimiento de un hombre que era un cercano referente para los más grandes y casi un padre para los más chicos. Un plantel que ahora parece decidido a cumplir la promesa del título. "El mejor homenaje hubiese sido que Pedro esté acá. Pero no lo tenemos. Al menos le pudimos dedicar este triunfo. Y ojalá que cada domingo seamos capaces de darle una alegría a su familia", aseguró Riquelme.

Sólo la fortaleza y el impulso que Boca logró sacar en su semana más difícil fue capaz de devolverle a la Bombonera un clima de alegría en el final. La previa a este triunfo que lo puso en la punta con San Lorenzo y Tigre no tuvo sonrisas. Ni show. No hubo música ni porristas. Cacho Laudonio no anunció con su tradicional bandera la salida del equipo y el equipo, con brazalete negro, no saltó a la cancha con sus chicos-mascotas, como es costumbre. Hubo banderas a media asta y las demás, las de los hinchas, se vieron del lado del revés. Sólo las que hacían referencia a Pompilio y a las agrupaciones que lo apoyaron como presidente le mostraban su cara al público Y algunas lucían una cinta negra.

Así, en ese marco, con el "se siente, se siente, Pedro está presente" y el "Pedro, querido, la Doce está contigo", Boca jugó un partido en el que también conmovió con su juego (sobre todo en el primer tiempo). Por eso el final puso otra vez a todos frente a la emoción. Mientras los jugadores se saludaban por el 1-0, Leandro, el hijo de Pompilio, entró a la cancha para agradecerles la victoria. El abrazo con Ischia, interminable y conmovedor, fue el primero de muchos otros. El último se lo dio con Román, el abanderado de esta historia, el jugador que en la última despedida del presidente le regaló su camiseta a la familia, esa N°10 que ayer le volvió a dar a su hijo. Así, juntos, unidos en el dolor, se fueron por el túnel. El tributo se había cumplido. Un abrazo grande, Pedro.



Boca 1 San Lorenzo 0


El que vuela, corriendo, es un pibe. El que piensa, por el resto, es un hombre. Los que meten, como si se tratara de la última bola de la noche, son todos. Todos son un equipo. Y el equipo, el mejor de la recta final del torneo, es Boca. La prueba, irrefutable, estalla en los ojos. San Lorenzo, dueño de laureles que supo conseguir, se derrite en el calor del clásico más esperado. Nadie, ni el gran Lobo Ledesma, puede detener tanto fuego. Volcánico, Boca lo arrasa, con más agresividad que estética, con decisión, con carácter, con la autoridad que otorga la confianza. Mouche, el pibe que vuela, gambetea lindo, hacia adelante, donde más le duele a Hirsig, el improvisado lateral derecho. Riquelme, el hombre que piensa, se recuesta sobre la izquierda y se mueve como nunca, para que se rasquen la cabeza los que dicen que está cansado. Cada pelota dividida tiene un fallo unánime: siempre ganan los de azul, amarillo y luto, en cantidad y en calidad. Los signos de un campeón (orden, coraje, circulación, ejecución, jerarquía individual y colectiva) se ven de un solo lado. Más nítidamente en un tiempo, el primero, en el que Boca empezó a ganar la final.

El partido fue un espejo de la realidad. Boca, de River para acá, jamás dejó de creer que podía. San Lorenzo, de Racing para acá, confirmó las dudas que lo habían rodeado aun en algunos triunfos. La convicción es la primera de las tácticas que hay que respetar. Si no hay confianza, el pizarrón se queda sin tiza. Las circunstancias influyen, por supuesto. San Lorenzo llegó averiado, sin Aguirre (clave) y Chaco Torres (hoy más importante que Ledesma), con Adrián González en el banco. A Boca, además de las conocidas ausencias de Palermo y Palacio, le faltó Morel Rodríguez. Y ahí, entonces, también quedaron a la vista las muñecas de los técnicos. Mientras Russo inventó a Hirsig de cuatro, Ischia cambió el esquema, defendió con tres y así controló las debilidades ofensivas de Silvera y Bergessio.

Pero hubo otro cambio, no tan perceptible: Riquelme reinventó el puesto. Román, el último especialista en el rubro, ya no es el enganche de Boca. No. Sigue siendo el conductor, eso no cambia, pero mudó la zona de gestación. Hoy toma aire en la izquierda, más cerca del área y ahí, casi como mediapunta, decide por los demás. Con ese movimiento, de paso, les da metros de recorrido hacia adelante a los dos tapones (Battaglia y Vargas) y permite que Viatri baje unos metros y participe del circuito.

Esa posición, la de Riquelme, le quitó campo de acción a Rivero, el volante que podría haber incomodado a Paletta. La prolijidad de Acevedo no alcanzó para contagiar. Ledesma no pesó, Aureliano no aceleró y el único que cambió la velocidad fue Menseguez, cuando entró, aunque después se apagó. La imagen de este San Lorenzo, débil de fibra, fue la de Silvera convertido en lanzador. El verdadero nueve, el que debía estar para el último toque, recibía y distribuía sin éxito.

Boca hizo un enorme sacrificio en el primer tiempo para llevarse sólo un 1-0 al vestuario. La genialidad de Riquelme en el gol (no por lo bello, sí por lo inteligente) bien pudo ser acompañada por ese zurdazo atrevido de Mouche (no se la dio a Román) o por las que tuvo Viatri (esta vez se pasó de frío a la hora de definir). Hasta Paletta, en una, giró como si fuera un delantero y por poco no agujerea a Orión.

Hubo un momento del segundo tiempo en el que San Lorenzo le discutió la tenencia. Sin embargo, aun sin tantas energías, Boca fue más peligroso. La única del equipo de Russo en todo el partido fue un mal cabezazo de Acevedo.

Ganarle con tanta contundencia y alcanzarlo en la punta después de haber estado a once puntos, es muy fuerte: Boca ganó algo así como un título. San Lorenzo todavía no lo perdió: el tiempo dirá si puede recuperar el orgullo.