3/12/08

Riquelme es el mejor del campeonato


Estuvo cuestionado este Riquelme. Sí, este mismo Riquelme de presencia excepcional ante Racing, el de piernas cansadas pero mente lúcida, el que parece empecinado en volver a darle a Boca lo que no consigue desde el Clausura 06, fue crucificado, subestimado y (casi) sepultado. Pasó a mitad de trayecto, en plena subida, cuando a Ischia se le reclamaba que debía sacarlo porque no aguantaba los partidos, cuando se decía que aún andaba con reloj made in China, que sus músculos desgastados por la gloria de los Juegos sólo "aparentaban correr" según la definición en guaraní de ese momento. Y sí, Riquelme, por ese entonces, no había ganado ningún partido por sí solo, no había contribuido con asistencias a la cosecha de esos nueve puntos que llegaron después y tampoco había convertido goles para sacar otros nueve. En fin, aquel Riquelme no era éste. El que, al repasar las cuentas, le dio a Boca 18 puntos de los 35 que tiene. La mitad más uno de esta complicada pelea rumbo al título. Casi nada.

¿Cuándo apareció Román, este Román? En el momento más complicado, cuando Boca antes de jugar estaba a 11 puntos del líder San Lorenzo. Pues entonces, debe reconocerse desde ahí su grado de gravitación en la levantada de Boca. Cuando él se enchufó, su equipo empezó a recuperar terreno. Ni más ni menos. A saber: esa situación fue antes del superclásico. Antes de que Riquelme volviera una tarde, en el Monumental, con una asistencia para el gol de Viatri, con otra más que no terminó en gol, con un córner que casi se mete olímpico y con un manejo de pelota (y del resultado) que recordó su mejor versión. Justo ahí, contra River, fue su trampolín.

Al partido siguiente, ante Central, también aportó un pase gol a Lucas para que convirtiera el primero de la victoria. No fue claro ante Banfield, pero de nuevo dejó de cara al arco al 27, que esta vez falló. Y a partir de ahí, lo mejor: dos tiros libres, uno de ellos decisivo (ante San Lorenzo, rival directo) y otro magistral (el de Arsenal, sobre la hora) para sostener desde su talento la gran persecución a un candidato que ya no era el mismo al tener a Boca al lado. Y al 10.

Esos seis puntos gestados de su pie derecho marcaron un quiebre en el torneo, porque a esa altura su equipo ya había descontado los 11 puntos. Y cómo será la cosa: Riquelme descansó (en la cancha) contra Vélez, a pesar de otro tiro libre que terminó en gol de Forlin, y Boca perdió la punta. Pero se enchufó otra vez en Tucumán, con penal fallado y todo, y asistió a Figueroa para recuperar el primer lugar.

Lo de Racing es historia reciente. Otros dos goles y un rapto de bronca para aportar otros tres puntos propios y mantener a Boca con dos de ventaja a falta de seis. Sí, las cuentas le cierran a este Riquelme que de los 14 partidos que jugó, seis le alcanzaron para volcar el torneo a favor, para mostrarse como el jugador más influyente, para que se le reconociera el plus permanente de tenerlo en cancha (mérito de Ischia también), para mejorar la vida de este Boca que, de su mano (pie y cabeza), va en busca de sonreírle a un año difícil.

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